Conversando con el cielo y un amigo…

Estudiando la materia de Personalidad y Educación -de mi posgrado-  la catedrática en turno explicó que los seres humanos se componen de comportamientos complejos y extraños que, a simple vista podrían catalogarse de ilógicos.

Una de esas manifestaciones “ilógicas” es hablar a solas y/o consigo mismo. Mi maestra enfatizó que todo tiene una lógica, una explicación, un porqué, ya que el grueso de la población -sin excepción- necesita conversar con el YO interno.

¿Por qué? ¿Para qué hablar a solas cuando puedo entablar una plática con alguien más?

La psicóloga señaló que la soledad forma parte del proceso, desarrollo y crecimiento del ser humano: profundizar, indagar, cuestionar, reflexionar, asociar y discernir son palabras resonantes del subconsciente del sujeto para responder inquietudes que le aquejan en el andar de la vida.

“A veces hace falta platicar con uno mismo, dedicar un espacio del día a la soledad quien auxilia a cuestionarse y detener el tiempo para reflexionar respecto a nuestras vidas”, recalcó la catedrática.

Repentinamente, después de escuchar sus palabras, asocié los conceptos psicológicos con la oportuna recomendación de una amiga, aproximadamente 11 años atrás:

“Francisco, cuando tengas dudas o inquietudes, incluso platicar, se lo puedes decir a Dios. Aunque tú le dediques unos minutos, siempre estará ahí para escucharte” , indicó mi amiga, con su inmaculada y celestial voz.

Después ligué los conceptos de la psicóloga y la sugerencia de mi hermosa amiga (ella es única en el Universo), y concluí: la soledad no es estar solo en sí; es construir un puente entre un ser Divino y el corazón con el objetivo de purificar y liberar carga emocional o confesar alegrías que tenemos en ese preciso momento.

Cada ser humano goza de creencias, principios y convicciones, por lo tanto, la asociación de un ser Divino es interpretada de un cúmulo de formas. Los seres humano elevamos plegarias al Cielo con diversas perspectivas a distintos Dioses, pero al fin y al cabo, todos le rezamos a un mismo Dios.

Es la óptica de cómo se instruye el diálogo con su Ser Interno y la Deidad; lo más fácil es dedicar unos 3 minutos y aumentar la frecuencia de tiempo con el paso de los días. Poner en práctica el intercambio de palabras con tu Yo Interno, beneficiará a drenar sentimientos negativos, y a su vez, revitalizará el músculo que bombea a cada una de las habitaciones de tu cuerpo.

Este diálogo interno y la conexión celestial con una Divinidad, no lo divulgues o presumas, más bien, prácticalo diariamente. Quienes llevan una rehabilitación para establecer un hábito afable y benévolo, se les menciona: “un día a la vez, un día a la vez”. Esto también aplica para la iniciación de una charla con DIOS.

Y no olvidar que necesita nacer de lo más hondo de tu ser. Es una interacción entre ustedes y para ustedes. Es de la manera en que tú lo percibas.

Es otra técnica o ejercicio que puedes realizar para liberar; es como una platica entre amigos. Considero que lo Divino y la Psicología van de la mano. Feliz Semana Santa.

(Este escrito fue elaborado previo a la Semana Santa de 2015, en mi blog anterior de The Gravity 73)

Gracias por leerme.

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Para iniciar el diálogo debe prevalecer la intención, iniciativa y concentración en soledad.
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