Todo comenzó con un arroz

¿Cuántas veces se debe lavar un arroz?

¿Cuántos minutos se debe dejar reposar cuando está húmedo?

¿Se le agrega tomate, cebolla, diente de ajo y consomate?

¿Cómo saber el punto exacto del arroz?, ¿rojo, rojizo o pálido?

Todos en algún momento de nuestras vidas cuando iniciamos en el mundo de la gastronomía nos hicimos dichas preguntas con anterioridad. Y es con el fin de elaborar sabiamente un elemento básico en la mesa de los hogares mexicanos: el bendito arroz.

Ese exquisito cereal que acompañamos diariamente en nuestra vida cotidiana con carne de res, pollo guisado o cortadillo, forma parte del camino angustiante, espinado y tétrico para llegar a cocinar decorosamente.

Pero una vez que ya sabemos cocinar un arroz (aunque quede pastoso, batido, crudo, ahumado, pálido o insípido) significa que vas por buen camino. Recuerda que si el camino que recorres se torna difícil es que vas en la dirección correcta.

La fuerza de voluntad en cocinar un arroz es propia de ser considerada como una hazaña épica, con tintes heróicos en tratar de ser un guerrero (tú) para combatir a un dragón (tus miedos en cocinar) y salvar a la princesa o príncipe (tu arroz soñado).

Con el pasar del tiempo sabes cocinar el arroz, tienes dominada la técnica y los tiempos de hervor, pero falta algo:

¿nunca te has preguntado por qué el arroz de cierta persona sabe más rico, delicioso y hogareño?, ¿por qué al probar el arroz de tu abuela, mamá o tía rememoran aquellos suculentos sabores suspendidos en el tiempo?

Quizás me refutarás con “son ingredientes secretos que ellas guardan”. Podría ser. O también dirás “es que tiene práctica y años cocinando arroz”.

El secreto es la energía que transmitimos, desde el momento de colocar en un tazón el arroz crudo y limpiarlo, hasta servirlo en la mesa. Porque cada ser humano se compone de materia, atómos y moléculas.

Somos un contenedor de energía abarrotado de sentimientos y emociones y que, de alguna manera, precisamos canalizarla a través de diversas actividades.

Una catedrática psicóloga me dijo: somos un contenedor de energía, buena o mala, y para canalizarla requerimos de ciertas actividades para transmitirla. Dirige la energía pura con los seres vivos y alimentos, pero la energía negativa como decepciones, frustraciones o enojos líberalas de otro modo porque envenena el alma.

Las plantas son seres vivos, y además del agua, requieren de otras atenciones como platicar con ellas mediante palabras lindas o transmitirles energía durante un tacto suave y delicado.

Al igual que las plantas, la comida y especialmente el arroz, solicita de atenciones  culinarias, pero sobretodo demanda parte de nuestra energía. Los individuos que logran orientar energía pura y positiva son aquellas que se rigen por la corriente humanista. Consciente o inconscientemente los seres humanos la encauzan en alimentos.

Ahora, ¿de qué forma transmitir tal energía? Muy fácil. En mi caso le canto al arroz y a toda la variedad de alimentos que preparo. Suena algo confuso y ridículo, pero funciona. Solo debe emanar de tu corazón. Requiere concentración para despejar la mente de pensamientos negativos y pavimentar una atmósfera pura.

Te daré unos tips de una perspectiva humanista para que fluya y despierte esa energía limpia que posees:

-Selecciona una de tus canciones favoritas que hablen sobre amor.

-Mientras escuchas la canción debes cantar en voz baja (el canto que emerge de tus cuerdas vocales es dedicado al alimento que preparas).

-Traslada un agraciado recuerdo o pensamiento que se localice en ese preciado rincón de tu corazón.

-Puedes cantar desde lo más profundo de tu mente.

-Si no tienes disponible una canción para reproducir, no te preocupes, canta a capella. El cantar a capella es lo más sincero y cercano a hablar con Dios.

-Tus palabras y pensamientos que realices en esta vida sean coherentes con tus acciones.

Anexo una de las canciones que utilizo cuando me dispongo a cocinar y la historia sintetizada del arroz en el sitio web http://elgranchef.imujer.com

Si ya sabes preparar un arroz decente, ya puedes gritar efusivamente a los cuatro vientos la frase célebre de todo aquel que inició este doloroso pero apremiante proceso de cocinar un arroz: ¡YA ME PUEDO CASAR!

P.D:Por cierto, así como uno se enamora de una persona, hay que estar enamorado de los alimentos a cocinar y verás que será más ligero y digerible. Gracias por leerme.

-¿Me preguntas por qué compro arroz y flores? Compro arroz para vivir y flores para tener algo por lo que vivir.

Confucio

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