Cuéntale a La Luna…

“Maestro, deseo hablar con usted, siento una enorme soledad. ¿Cómo puedo desahogarme? ¿A quién le puedo contar mis penas, mis tristezas, mis frustraciones? Porque no tengo a nadie de confianza en estos momentos.”

“Todos tenemos un Dios a quién rezarle o elevarle una plegaria.”

“Pero no creo en eso, maestro.”, exclamo con mirada solloza mi ex-alumna de bachillerato.

“No te voy a dar un extenso sermón de la Vida y la Fe. Solo te diré que si no crees en Dios, no te preocupes, todos hemos dudado en esta vida. Dudamos de la Fe, de nuestra existencia y del porqué nos suceden ciertas cosas que nos lleva a frustrarnos, a llorar, a gritar, a maldecir todo lo que tenemos a nuestro alrededor. “

Cuando mencioné tales palabras, la chica comenzó a llorar, sus lágrimas formaron caminos húmedos de tristeza bajo sus mejillas. Y fue cuando le dije:

“Llora todo lo que quieras, desahoga toda esa energía negativa de enojo, represalia, ira, dolor, ya que si te guardas eso, envenenas el alma.”

Mi ex-alumna se cubrió su rostro con las palmas de sus manos y se quebró, lloró todo lo que pudo, mientras yo le daba un fuerte abrazo. Transferir mi energía positiva hacia ella. Al cabo de unos cuantos minutos, se tranquilizó. Y agregué:

“Sea cual sea tu creencia, Dios está ahí. Tu ángel está ahí. Pero si no crees en eso, descuida. Cuéntaselo a la Luna. Ella estará ahí todas las noches, todos los días de tu vida. La Luna es tu confidente, es quien guarda tus mejores secretos, pero es también testigo de tu alegría y felicidad antes de ir a dormir. La Luna tiene una conexión enorme con la energía femenina. Cada noche dile cómo te sientes para liberar toda esa energía mala y ser transformada en algo bello que te sucederá al siguiente día.”

Con algo de calma y respiración serena mi ex-alumna se sentó en un pupitre a contemplar el Sol y la brisa del viento.

“Gracias, maestro. No tuve necesidad de contarle todo lo que llevaba dentro, creo que sus palabras hicieron que todo lo que llevaba dentro lo sacara. Eso será lo primero que le contaré a la Luna el día de hoy.”

A mi ex-alumna todavía la recuerdo, espero que en esta vida le haya ido bien, muy bien. Donde quiera que se encuentre, le deseo lo mejor del mundo. Jamás supe qué tipo de problemas tenía porque fue la primera y única vez que derramó lagrimas durante su estancia en el Bachillerato. Yo nunca le di clases, pero de vez en cuando, visitaba mi aula a saludar a sus compañeros y a mi persona. Todos (inclyendo maestros y alumnos) tenían una imagen de ella seria e impecable en todos los sentidos.

Sergio Ramos, de Conexión Evolutiva, señala que la primera impresión no es la cuenta porque todos los seres humanos estamos formados por muchas capas, varias energías, y cuando tu no estás alineado no ves el corazón del otro.

Quizás es le hace falta al mundo, abrir el corazón para que puedan liberar esas inquietudes que aquejan dentro de su ser.

Una de sus pláticas conmigo, mi ex-alumna dijo:

“Maestro, a donde quiera que yo vaya, ahora sé que cuento con alguien todas las noche: es la Luna, quien me arrulla, me cuida, me tranquiliza y es mi Ángel de la Guarda.”

Gracias por leerme.

 

 

 

 

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