Dedicado a mi ex-alumno…

Cuando uno fue maestro o catedrático en esta vida, siempre seguirán siendo maestro, aún y cuando hayas dejado de ejercer.

Durante mi estancia como catedrático conocí a una gran cantidad de alumnos que plasmaron huella en mi persona. En mi mente deambulan historias alegres, tristes y llenas de aprendizaje en el ramo educativo. Todo maestro sabe que en un aula de clases prevalecen todo tipo de estudiantes, algunos de ellos nos dejan gratos recuerdos y de reflexión.

Jesús fue un alumno difícil de tratar en clases, no era ese adolescente que ponía atención o entregaba sus tareas a tiempo. Regularmente yo le hacía ver sus errores en ciertas cuestiones académicas. Lo catalogaba como un chico problemático, complicado de manejar y nada dedicado al estudio. Nada comprometido. Estuvo a punto de reprobar mi materia en turno, en aquellos años. Yo le veía como un joven sin esperanzas y que, podría ser un nociva influencia para sus compañeros. Me equivoqué al pensar eso.

Un día llegué a mi aula, cansado y con un estrés sobre mis hombros a impartir la última clase del día y Jesús no había realizado sus respectivas tareas. Me enfrasqué en una pequeña discusión con él. Después se dirigió a su pupitre a sentarse en silencio y esperar.

Al termino de la clase, me sentí agotado por todo lo que había experimentado en el día y mis alumnos recogían sus libros, listos para abandonar el aula. En mi grupo había un chico con una discapacidad motriz en sus piernas, por obvias razones utilizaba una silla de ruedas, se llama Oscar. Así que, mientras yo guardaba mis libros en mi maletín, mi alumno Oscar no podía bajar una pendiente o rampa que restringía su camino hacia el estacionamiento, donde su madre lo recogía al final del día.

Todos sus compañeros de clase iban saliendo y nadie se detuvo a asistir a Oscar, pero alguien fue a ayudarlo y hacerle compañía mientras esperaba a su mamá. De quien menos esperaba yo, y ese fue Jesús.

Jesús, regularmente auxiliaba a Oscar, lo cargaba hasta llevarlo a la camioneta de su madre; lo acompañaba en el estacionamiento; platicaban y sonreían durante el descanso. Vi la pureza del alma de Jesús, de mirada inocente.

El ultimo recuerdo que tengo de Jesús en mi mente fue en una tarde de verano, al termino de mi clase, acompañaba a Oscar en su silla de ruedas y en el transcurso de tal momento, veía la inocencia, lealtad y bondad en ellos dos. Más bien ese fue el ultimo día que vi a Jesús.

Me dejó una enseñanza: nunca hay que juzgar a los demás, los seres humanos somos conformados por capas que, gradualmente, nos van dejando al descubierto nuestro ser interno. Porque todos tenemos el derecho a ser aceptados, nunca etiquetados ni catalogados, ya que no sabemos el historia o trasfondo de cada ser, en este caso, de cada estudiante.

Centraba mis opiniones en juzgar, criticar y quedar cegado en solamente “enseñar” la materia y olvidar que los alumnos también son seres humanos, con sentimientos, emociones y una carga emocional interna que desconocemos los maestros.

Hace dos años me enteré que Jesús falleció, me lo hicieron saber por medio de un mensaje explicando lo que sucedido. Al momento de leer dicho mensaje, mis ojos sollozaron, y lagrimas brotaron de mis ojos formando un melancólico recorrido en mis mejillas.

Lo recordé inmediatamente, porque un maestro jamás olvida a sus grupos y a sus alumnos.

Rompí en lágrimas…

Cuando uno fue maestro, jamás dejas de ser maestro…

Gracias, Jesús, por haber sido tu maestro. Me quedo con los recuerdos y enseñanzas de tu persona. Desde este espacio te envío un abrazo, un saludo, que te encuentres en paz y felicidad donde quiera que te encuentres. Todos tus amigos siempre te recordarán con una sonrisa.  Oscar, te agradezco también la enseñanza que me dejaste, porque una discapacidad no es impedimento, demostraste una valentía ante todo. Yo creo en el destino, y considero que estaba destinado a aprender esa lección por medio de ambos.

Esa vez, yo no les enseñé la lección que se vio en la clase aquella ocasión, más bien, ustedes me dieron la lección y fue una lección de vida.

Gracias por leerme.

 

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