Diez minutos después…

– “Papá, no quiero que te mueras, no quiero que te vayas…quiero que estemos juntos siempre. Tú, mamá y yo”, dijo el niño con voz de ternura.

Y el padre terminó abrazándolo con efusividad, como si tal abrazo fuera el último de despedida.

¿Cuánto tiempo nos queda de vida? ¿Cómo será nuestra despedida? ¿Quiénes serán aquellas personas que veremos en nuestros momentos finales? ¿Cómo será mi muerte?

¿Por qué siempre discutir y crear conflictos por cuestiones estúpidas que, solamente, desperdician, desgastan, marchitan y envenenan el corazón? Casualmente, cuando nos sentimos abrumados y tristes, lo primero que se nos viene a la mente es lo siguiente:

“Quisiera estar muerto”, “quisiera dormir y no despertar nunca”, entre otras.

Pero ya cuando estás postrado en una cama en coma o en fase terminal, no desearías haber dicho eso. Se dice tan simple, pero experimentarlo o vivirlo, trastoca las fibras internas de la verdadera tristeza y agonía.

Cotidiamente lo que pensamos a diario es el 90% de lo que pensamos el día anterior y así sucesivamente. Si son pensamientos negativos, inquietos, banales y/o lúgubres, entonces ¿por qué traer dichos recuerdos? Es ahí donde desperdiciamos la vida.

La vida la complicamos nosotros mismos.

Ya pasaron más de 3 semanas que el padre le dio ese abrazo efusivo a su hijo, porque aquella tarde, el papá mencionó estas palabras:

-“Me siento tan contento, tan feliz de tener a mi esposa y mi hijo. Estoy contento y muy emocionado”.

Momentos después su hijo le expresa su deseo de tenerlo siempre a su lado, mientras tanto, su esposa contempla tiernamente cómo padre e hijo se fusionan en un abrazo eterno. Pero…diez minutos después de aquel inolvidable abrazo, su padre se desvanece, cayendo al piso para “dormir eternamente” y no volver a despertar.

Durante el velorio, el abuelo del niño, le pide perdón a su hijo que yace en el féretro por haberlo abandonado y no haber arreglado su relación en vida.

-Perdón hijo, te fallé, perdóname…

¿Por qué no perdonar? ¿Por qué seguir enemistados entre nuestras familias?

No vale la pena.

Las cuatro palabras sanadoras que hay poner en práctica diariamente son:

Lo Siento, Perdóname, Te Amo y Gracias, que provienen del Ho’oponopono

Dra. Maria Carmen Martínez

(Autora del Libro: Ho’oponopono, lo siento, perdóname, te amo)

 

Dedicado a A.C, que ahora estás en el cielo y lo poco que te traté y conocí me lo llevo en el corazón. Que Dios te Bendiga y aquí estaremos apoyando a tu familia. Saludos hasta el cielo.

Gracias por leerme.

b5b882973bb186789c04a308a8725e62

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s